jueves, 15 de diciembre de 2011

De belenes y árboles navideños …


¡Lo que faltaba! ¡Los chinos vendiendo árboles de Navidad!

Se supone que ni son árboles ni jamás se abrieron para que en torno a sus raíces leñosas se cantase el O Tannenbaum, la hermosa balada navideña germana que no tiene nada que ver ni con los pastores ni con los peces que beben en el río.

Esto significa que la anotada novedad comercial debe importarnos un pito, o, mejor, un matasuegras que anticipe el jovial desbordamiento del Fin del Año.

Ni el árbol, ni ese Papa Noel que empezamos a contemplar escalando fachadas para introducirse por los balcones tuvieron nada que ver hasta épocas recientes con la costumbre y la tradición hispanas.

El Belen,sí. Los nacimientos caseros montados con arrugados corchos, ríos de papel de plata y figuritas de barro cocido han formado parte desde tiempos lejanos de los hábitos navideños; aunque, no nos duelen prendas al recordarlo, también son prácticas importadas.

La afición a instalar Belenes la trajo a España el Rey Carlos Tercero. Acababa de llegar para ocupar el trono que dejaba su hermano Fernando sexto tras su fallecimiento y conservaba en sus retinas la belleza y grandiosidad de un belén napolitano.

En aquel siglo dieciocho, Nápoles se había puesto en cabeza de todas las ciudades europeas en las que se montaban estos escenarios efímeros y, deseando abrir cauces de simpatía con el pueblo, habilitó una gran sala de palacio donde se construyó el Nacimiento y lo ofreció para que fuera visitado libremente.

De inmediato la aristocracia emuló al monarca y esto motivó una primera proliferación de belenes.

Martínez Montañés, la Roldana y Salzillo, entre otros renombrados artistas de su tiempo, crearon imágenes para estas representaciones y las gentes sencillas supieron convertir el barro abundante de las calles sin adoquinado en figuritas reducidas de pastores adorando al Niño-Dios.

La costumbre de Europa se hizo tradición en España y luego se propagó a la America Hispana.

Ni Santa Claus ni Papa Noel lo pudieron evitar.

Y mucho menos los chinos.

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